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Por qué somos infieles por naturaleza: razones por las que el hombre y la mujer sienten la tentación

Antropólogos, psicólogos, filósofos y sociólogos, cada uno desde su campo, han investigado la naturaleza del ser humano y su comportamiento. Conductas como la infidelidad no podían ser una excepción en este campo de estudio. Todas estas disciplinas han realizado distintas investigaciones para saber por qué somos infieles y si este impulso es igual en todos nosotros o existen diferencias entre hombres y mujeres.

    louiscrusoe - Flickr

Instinto contra la norma

Ser infieles por naturaleza no significa poner los cuernos o practicar el adulterio. No se tiene que llegar al acto para hablar de infidelidad. El deseo carnal hacía otra persona es un pensamiento que atenta contra la estabilidad entre el hombre y la mujer en una cultura monógama. Todos lo tenemos y estaría bien saber por qué somos infieles para dejar de sentirnos culpables cuando esto ocurre.

La perspectiva evolucionista

La psicología evolucionista, que basa sus principios en el desarrollo de la sociedad desde la evolución biológica de los seres humanos, defiende que los hombres buscan procrear con el mayor número de mujeres posible. El objetivo final es perpetuar sus genes, por lo que tiene preferencia por las que poseen anchas caderas y son más jóvenes o vírgenes, en definitiva, las más fértiles.

Sin embargo, según la perspectiva evolucionista, la mujer busca un hombre que la proteja y pueda abastecerla de recursos para estar segura de poder cuidar a sus hijos, por lo que la infidelidad solo existiría en caso de dejar de sentirse confortable en el hogar.

El deseo contra la cultura

Al margen de si se cree o no en la perspectiva evolucionista, no hace falta leer a Freud para darse cuenta de que independientemente de nuestro género siempre deseamos aquello interesante que no tenemos.

Los valores familiares son un resultado de la cultura, que siempre se mueve hacia la estabilidad. El hecho de ser fiel a la pareja es modélico mientras no se acepta el adulterio porque vivimos en una sociedad monógama.

Y eso es ya lo que le faltaba al ser humano. Al deseo por lo que no se tiene se le suma la prohibición de conseguirlo. Y es que si algo hace que deseemos más algo que no poseemos es que nos lo prohíban por el hecho de hacerse mas inalcanzable.

Una anécdota que sirve de ejemplo

Hubo un presidente de los Estados Unidos que protagonizó una anécdota que nos puede hacer entender mejor por qué somos infieles por naturaleza.

John Calvin Coolidge visitó una granja con su esposa. Mientras observaban el gallinero la señora del presidente le preguntó al granjero que cómo podían las gallinas poner tantos huevos con tan pocos gallos. El granjero respondió que sus gallos lo hacían varías veces al día. Al oír esto la primera dama ironizó diciendo que su marido podría aprender de esos gallos. El presidente por su parte preguntó al granjero si cada gallo atendía siempre a la misma gallina. La respuesta fue que no, ya que cada gallo cumplía con muchas distintas cada día, dato que sirvió a Coolidge para devolverle la ironía a su mujer.

La postura evolucionista, la motivación o el deseo están ahí luchando contra la cultura, la estabilidad emocional, los valores familiares o el "amor verdadero". Se esté más o menos de acuerdo lo que está claro es que si fuéramos gallos y gallinas todos seríamos polígamos y no habría infieles por no existir una cultura que reprima nuestros instintos pero ¿Qué sería de la estabilidad emocional? Los celos, la competitividad y el sentimiento posesivo del ser humano nos acabaría llevando a guerras, y estas a una cultura monógama en busca de la estabilidad de la sociedad.

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