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¿Cómo ligar con la mirada?

Si hay una herramienta que es increíblemente poderosa a la hora de captar la atención de otra persona,es la mirada. Si nos paramos a pensarlo, la mayoría de los acercamientos de ligoteo tienen lugar gracias a un primer intercambio juguetón de miradas, en algunos casos… ¡qué miradas!

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Cuando uno tiene la predisposición de ligar recurrir a la mirada es más un acto reflejo que una táctica. ¿Quién no ha entrado en un bar y ha hecho sin siquiera pensarlo un scanner preliminar para detectar posibles conquistas? Y no sólo en bares, ocurre en fiestas, gimnasios, autobuses, centros comerciales…miramos y miramos hasta que de repente allí está él o ella.

Por lo general, se dice que las miradas no deben durar más de 1 o 2 segundos, eso hasta que se hace diana, es decir, cuando llegamos al famoso momento de “te he pillado mirándome”. Es entonces el momento cumbre, cuando dos personas se descubren a sí mismas mirando en dirección al otro. Una vez ha podido ser casualidad, dos el azar, pero si vuestras miradas se han cruzado más de tres veces, sí amigos, el interés es mutuo.

Llegados a este punto empieza el juego, un juego que puede quedar en nada, o que por el contrario se convertirá en el paso previo definitivo para un acercamiento verbal posterior. Si ocurre lo primero y el juego de miradas no va a más, no tiene porqué significar que has hecho algo mal, simplemente puede no ser el momento apropiado. En cambio, si la situación es propicia, una mirada puede hacer mucho más para acercarte a esa persona que si le gritaras directamente ¡Eh tú, acércate!

Suelen notarse ciertas diferencias entre hombres y mujeres a la hora de observar a la persona deseada. Mientras que los hombres suelen mantener la mirada fija y sin disimulo, las mujeres recurren con mayor frecuencia a las miradas tímidas y furtivas. Muchas veces no nos damos cuenta, pero nuestros ojos dicen exactamente lo que pasa por nuestra cabeza, de ahí que podamos distinguir perfectamente si lo que estamos viendo es simpatía, interés, deseo o lujuria. Así que cuidado con lo que se piensa o nuestros ojos pueden llegar a ofender a la otra persona, o conquistarle del todo, ¿quién sabe?

No hay normas escritas sobre cómo y cuánto se debe mirar a la otra persona, lo más efectivo es siempre la naturalidad. Tu observa, trata de cruzar su mirada con la suya, intenta que vea en tus ojos el deseo de hablar, si pasas por su lado, no agaches la cabeza, busca lanzarle una mirada rápida ante de pasar frente a él o ella… Si después de un rato ya no hay dudas de que os estáis mirando y la respuesta en la otra persona es una sonrisa, entonces el camino esta arado, sólo hay que tomar aire, contar hasta tres y tener la valentía de acercarse.

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