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Sexo a oscuras y los errores más vergonzosos que se cometen en ausencia de luz

Con todos los problemas que tenemos, mentes inglesas han decidido invertir fondos en una investigación sobre errores sexuales frecuentes. Particularmente se han centrado en lo que parece ser el error más común en lo referente a las relaciones bajo las sábanas. Total, sin profundizar demasiado, para hacernos una idea, aproximadamente el 7.2% de los hombres entrevistados declararon que les había sucedido más de una vez. ¿De qué hablamos? Descubridlo a continuación en esta galería rigurosamente prohibida a los menores…

Confundir agujero: Exacto, el 7.2% de los hombres ha declarado haber confundido la puerta principal con la trasera. La cosa curiosa es que las mujeres que declararon haber sido victimas de este "encuentro sorpresa" son algunas más: el 10.4%. Atención, no se trata de un error de principiantes. La inmensa mayoría de los "confundidos" está compuesta por hombres expertos, con un curriculum de total respeto.

Un incidente de este tipo puede apagar la pasión en menos de lo que canta un gallo. Los incidentes vergonzosos aún así, se encuentran a la vuelta de la esquina, sobre todo si se hace el amor a oscuras. Echad un vistazo a todo lo que puede suceder...
Besar a la francesa partes del cuerpo completamente fuera de lugar: se acerca lentamente a estimularlo con lánguidos besos y lengüetazos varios: se parte de las zonas erógenas por excelencia como el cuello o la oreja y después se desciende poco a poco hasta que uno pierde la orientación y se encuentra lamiendo el costillar ajeno durante diez minutos, hasta descubrir que ahí no había ningún pezón. Genial.
Besar a la francesa partes del cuerpo completamente fuera de lugar: se acerca lentamente a estimularlo con lánguidos besos y lengüetazos varios: se parte de las zonas erógenas por excelencia como el cuello o la oreja y después se desciende poco a poco hasta que uno pierde la orientación y se encuentra lamiendo el costillar ajeno durante diez minutos, hasta descubrir que ahí no había ningún pezón. Genial.
Darse una cabezada: no se pueden contar las narices rotas de las parejas que estando al lado en la oscuridad, se acercan para perderse en un largo beso y terminan por encontrarse de frente, o muy a menudo, de naríz. “Tu vas a la derecha, no espera, izquierda” y las narices se espachurran, se golpean, se hacen un placaje narigudo e implosionan. No hay nada más excitante que un río de sangre y un tapón en la nariz. Very Hot!
Eyaculación atroz: no, ningún error de cálculo. Solo las vergonzosas, desastrosas, peores y horribles impresiones que se pueden hacer. Los foros están llenos de usuarios que han tenido que someterse a diversas salpicaduras directas en el ojo. Esto sucede cuando no se entiende a qué distancia se encuentra el otro, cuando las perspectivas no están claras y las trayectorias menos. Vete luego a explicárselo al oculista o al farmaceútico que tendrá que prescribirte un colirio…
Ojo con los dientes: ¿cual es la banda sonora para una noche calentita? ¿Frank Sinatra? ¡De qué, pudiendo tener un bonito ruidito de dientes que chocan! ¡Lo ideal! Los incisivos que se golpean son un gran clásico de los besos en la oscuridad, cuando no se toman las distancias correctas, y nos lanzamos a la boca del otro como un águila real en descenso libre a una presa en los Pirineos. No hace falta que lo digamos, pero los dientes pueden ser aún más peligrosos cuando lo que besamos no es precisamente una boca. En este caso existe el riesgo concreto de pasar de vuestra cama con sábanas de raso negro, a las blancas de algodón de un hospital.
Ojo con los dientes: ¿cual es la banda sonora para una noche calentita? ¿Frank Sinatra? ¡De qué, pudiendo tener un bonito ruidito de dientes que chocan! ¡Lo ideal! Los incisivos que se golpean son un gran clásico de los besos en la oscuridad, cuando no se toman las distancias correctas, y nos lanzamos a la boca del otro como un águila real en descenso libre a una presa en los Pirineos. No hace falta que lo digamos, pero los dientes pueden ser aún más peligrosos cuando lo que besamos no es precisamente una boca. En este caso existe el riesgo concreto de pasar de vuestra cama con sábanas de raso negro, a las blancas de algodón de un hospital.
Caerse de la cama: un gran clásico. Cuando nos abrazamos, nos movemos, nos cambiamos de sitio, probamos la posición del helicoptero holandés, después aquella de la canoa india, y pasamos de arriba a abajo con la misma frecuencia que pestañeamos, suele ser bastante fácil encontrarse en los márgenes de la cama. Es cuestión de un instante, nos damos cuenta demasiado tarde de que estamos a punto de caer. Se contraen los abdominales, y suplicamos a músculos que ni siquiera sabíamos que teníamos, a fin que podamos conservar el equilibrio al límite del colchón. Pero después caemos, penosamente. Es el ruido de la humillación.
Recurrir a objetos: en la oscuridad incluso un cubito de hielo común puede volverse más peligroso que una semiautomática. Si sois de esos que aman el escalofrío de la cera caliente sobre vuestra piel, sabed que existe el riesgo concreto de encontraros con media vela en la córnea, o la cómoda ardiendo. Si os gusta untaros en aceite de almendra podréis daros cuenta después de un cuarto de hora que estabáis masajeando un codo. Si vuestro encuentro no es completo sin un poquito de chocolate fondente, sabed que podéis acabar con una cucharilla en la nariz. Nada bonito, vamos.
Aquella maldita estantería…: las cabezadas en los muebles son directamente proporcionales a la moda de la llamada cama puente (las camas con el armario o la estantería para los libros encima, típicos de las habitaciones de adolescentes y jovenzuelos. Levantarse de golpe, quizá mientras se cambia de posición, y darnos una buena leche en la cara es algo bastante dramatico. Así como lo son los rodillazos que pillan cajones abiertos, o dedos del pie que se aplastan contra cualquier esquina. Ah, qué romántico el dule crack de los huesos rotos…
Terceras partes no invitadas: hacer el amor en la oscuridad puede ser extremadamente peligroso incluso y sobre todo para la presencia de terceros sujetos. Sin luz la pasión toma formas insospechadas y nos hace entrar en otra dimensión. Si entra alguno en casa, por ejemplo, si la madre entra en la habitación para preguntarnos qué queremos para cenar, podríamos no enterarnos. Hay quien declara haber notado la presencia de un coinquilino que dormía al lado solo después de haber encendido la luz. Incomodillo.
Terceras partes no invitadas: hacer el amor en la oscuridad puede ser extremadamente peligroso incluso y sobre todo para la presencia de terceros sujetos. Sin luz la pasión toma formas insospechadas y nos hace entrar en otra dimensión. Si entra alguno en casa, por ejemplo, si la madre entra en la habitación para preguntarnos qué queremos para cenar, podríamos no enterarnos. Hay quien declara haber notado la presencia de un coinquilino que dormía al lado solo después de haber encendido la luz. Incomodillo.

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