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Consejos para afrontar una cita a ciegas

Si de por si una cita siempre implica nervios y nudo en el estómago, cuando se trata de una cita a ciegas esos síntomas pueden multiplicarse por mil. La única diferencia es no conocer a la otra persona previamente, pero en realidad, en un mundo tan rápido como en el que vivimos, donde la gente viene y va, no debería ponernos nerviosos quedar con un desconocido.

Obviamente cuando hablamos de citas a ciegas, uno va con ciertas garantías, ya sea algo movido entre amigos cercanos, o por una conversación previa, no se trata de quedar con un desconocido total. Se trata simplemente de ver si una afinidad inicial puede llegar a algo más al conocerse en persona.

Si se trata de un encuentro organizado por unos amigos que creen que tú y la otra persona podéis encajar bien, hablar de esa amistad en común será un tema de conversación perfecto para romper un poco el hielo y superar la tensión inicial. Este tipo de citas pueden ponernos nerviosos por el hecho de pensar que estamos “obligados” a que ocurra algo o que haya feeling, y no tiene porqué ser así.

Lo mejor es ser uno mismo y dejar que la cosa fluya. Si no hay feeling pues no lo hay, y no hay porqué sentirse culpable por ello, a las malas seguro que al menos nos llevamos un rato agradable charlando con alguien interesante.

Por el contrato, si se trata de una cita con alguien con quien hemos hablado previamente pero al que no conocemos en persona, entonces ya se tiene mucho ganado. Este tipo de citas ha crecido en popularidad dado el boom de las aplicaciones móviles de ligoteo, donde primero se chatea y luego si eso ya se queda en persona.

En estos casos ya se sabe o no, al menos por la conversación, si hay una afinidad o no. EL único misterio que queda por descubrir sería el verse en persona, y a poco que hayamos visto una foto previamente, ni siquiera eso.

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La mejor idea para afrontar una cita a ciegas en proponer un plan tranquilo y que no nos obligue a estar demasiado rato por si la cosa no fuera bien o nos sintiéramos incómodos. Un copita afterwork es el plan ideal. Lo suficiente para ver si la cita fluye o no. Si lo hace, puede desembocar en una cena agradable dónde seguir intimando con esa persona, si no, despedirse tras la copita tampoco queda forzado, simplemente es el momento de irse.

El truco es siempre ser uno mismo y vencer los miedos y la timidez y si todo va bien, con un poco de suerte habrá una segunda cita.

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